El proceso para un café perfecto

Lo primero para hacer un café perfecto es ponerle unas buenas dosis de cariño al proceso de elaboración. También ayuda contar con un grano de calidad y conseguir un equilibrio entre las cantidades que se utilizan y la motivación de hacer siempre un café delicioso.

Cómo obtener un café perfecto

Echando un vistazo a la historia del café espresso nos damos cuenta de que no existen recetas únicas para conseguir una buena taza de café. Hay que tener en cuenta varias cosas: la forma en la que se hace todo el proceso, la calidad del grano que se utiliza, los tiempos de elaboración y hasta el tipo de agua. Pero también existen otras cosas importantes que, indirectamente, influyen en el resultado final. Por ejemplo, los sabores del café son aún más apetecibles y el resultado es más perfecto si tenemos la suerte de tomarlo en un sitio acogedor. Mejor aún, si lo combinamos con alguna de nuestras actividades favoritas como comer, leer un libro, escuchar música, navegar por la red, charlar con amigos o susurrarle secretos a esa persona tan especial.

Las cosas a tener en cuenta para conseguir el café perfecto

Los grandes maestros del café disfrutan también tomándolo y son más exigentes que la mayoría. Por eso, tienen en cuenta los pasos que siguen normalmente al prepararlo con la intención de repetirlos siempre y asegurarse así de que están haciendo buenos cafés cuando se ponen manos a la obra. Les preocupan detalles como la cantidad de agua que utilizan y su calidad o la cantidad de café molido que hace falta para lograr una buena taza. También dedican parte de su atención al arte de servirlo para que el resultado no solo sea un líquido negro insípido y amargo (que, obviamente, no agrada a nadie).
En la mente del “buen cafetero” se encuentra el aroma, el gusto y el buen aspecto del café bien elaborado. Y es que todos los amantes de esta bebida nos derretimos ante una buena taza de café que contiene esa espuma tan característica. Por eso, para poder conquistar nuestros pequeños corazones, son importantes los pasos relativos a su preparación como los que siguen a la hora de servirlo. Eso sí, hablamos de paladares muy exigentes.

Café recién hecho, siempre

Una de las principales condiciones para poder disfrutar de un café perfecto es la frescura del mismo. No se trata solo de que no haya alcanzado la fecha de caducidad y que el paquete no se haya abierto hace mucho tiempo (¡ojo! Quince días es lo máximo que se debe mantener un paquete abierto). La frescura también tiene que ver con cuándo se ha hecho el café que se va a tomar. No es lo mismo tomar un café que fue elaborado hace media hora que disfrutarlo cuando está recién hecho. El recalentado o el que se calienta a base de añadir leche hirviendo no puede competir en calidad y sabor con una taza de café recien preparada. Olvidémonos también del café que nos sobra a la mañana y que reutilizamos por la tarde o incluso al día siguiente. En cuanto a sabor se refiere, aunque utilicemos el mejor café del mundo y hayamos puesto todo el cariño en elaborarlo: el café, ¡siempre recién hecho!

Imagen de Monika Adamczyk

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