Las pequeñas piezas de una gran obra maestra

El cine es un arte colectivo. Para crear las obras maestras más grandes de la historia, un director necesita rodearse de los mejores actores, músicos, fotógrafos, ayudantes de cámara, maquilladores o iluminadores, pero además, tras la obra de arte cinematográfica quedan escondidos muchos otros nombres de personas anónimas, que son piezas clave en el rompecabezas que forma un largometraje.

Un trabajo muy especial como traductora

La historia de Dagmara Walkowicz comenzó inesperadamente en una fiesta y concluyó en los rótulos de crédito de una de las joyas cinematográficas más destacadas de toda la historia, La Lista de Schindler. La productora de la película La Lista de Schindler instaló, meses antes de comenzar el rodaje, una oficina en Cracovia. Dagmara trabajaba en este lugar como traductora de documentos y de partes del guión. En aquellos momentos, el trabajo de la joven en la oficina era temporal, pues todavía tenía que concluir sus estudios universitarios.

Antes de comenzar el rodaje, la productora organizó una fiesta en un hotel, a la que Dagmara fue invitada. En un principio, la joven decidió no ir, pero finalmente una amiga le dejó ropa adecuada y la animó a asistir a la fiesta. Nada más llegar al hotel que acogía el evento, el productor la buscó y la avisó de que debía traducir el discurso de apertura del Steven Spielberg, ya que la traductora oficial no había acudido. A pesar de los nervios, pues Dagmara no era entonces más que una estudiante y apenas tenía experiencia como intérprete, logró traducir el mensaje del director sin cometer grandes errores. Después, durante el transcurso de la celebración, Spielberg se acercó a Dagmara, le agradeció su traducción y le pidió que fuera su intérprete durante todo el rodaje de la película.

Un trabajo muy exigente

De un día para otro, Dagmara tenía un coche que la recogía en casa cada mañana para llevarla a los estudios de grabación. Los meses de rodaje fueron extenuantes, pues Spielberg resultó un director exigente y concienzudo. En algunas ocasiones, Dagmara llegó a pensar que ella no lograba transmitir a los actores aquello que el director necesitaba de ellos y que por su culpa, las escenas debían repetirse una y otra vez, agotando a todo el equipo. A pesar del estrés, Spielberg cuidó de Dagmara como si fuera una hija y se preocupaba de que siempre estuviera abrigada y en buenas condiciones para trabajar.

El trabajo de Dagmara concluyó cuando Spielberg terminó la grabación de la película en Polonia. Durante varios meses trabajó codo a codo con el célebre director, que antes de despedirse agradeció encarecidamente los servicios prestados a Dagmara y le regaló una fotografía firmada con una dedicatoria muy especial. En la imagen de la foto, aparecen la traductora, el director y varios actores extra vestidos como prisioneros de un campo de concentración.

Imagen de fergregory – Fotolia.com

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